Quienes escribían las cartas temían generar incomodidad y no imaginaban cuánto alegrarían a la otra persona. Los resultados mostraron que ambas expectativas eran equivocadas.
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Quienes escribían las cartas temían generar incomodidad y no imaginaban cuánto alegrarían a la otra persona. Los resultados mostraron que ambas expectativas eran equivocadas.