A mediados del siglo XIX, la expansión estadounidense hacia el oeste enfrentaba el obstáculo insuperable de las zonas áridas del suroeste. Para resolver las severas limitaciones de mulas y caballos, el Congreso asignó una partida de 30.000 dólares —equivalente a más de un millón de dólares actuales— destinada a importar 74 camellos desde el Mediterráneo.Aunque los animales demostraron transportar cargas de hasta 317 kilos y recorrer más de 60 kilómetros diarios sin agua, el rechazo de las tropas y el estallido de la Guerra Civil sepultaron la iniciativa logísticamente más insólita del país.