El Presidente intenta dar un golpe de timón en la agenda al colocar el legítimo reclamo de Malvinas por encima de la situación económica. Pasó de una diplomacia pasiva a otra agresiva alentado por las ambigüedades de Trump frente a Gran Bretaña. Ve una ocasión de recuperar crédito social. Habrá que observar cómo el cambio súbito repercute en una economía que requiere caudales de confianza.