Los especialistas coinciden: lo que derrumba a las personas que cuidan a un cónyuge con demencia no son los días malos sino los buenos, esos minutos de lucidez que permiten que la esperanza regrese justo a tiempo para volver a perderla
Cuidadores explican por qué los momentos de lucidez pueden implicar un profundo desgaste emocional para los cuidadores.