El mensaje de confrontación que el Presidente y el gobernador dieron en Nueva York, más que alentar a los inversores, alimenta la incertidumbre.El Gobierno pasó de aprobar la reforma laboral, a que la agenda legislativa la manejen los gobernadores.
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El mensaje de confrontación que el Presidente y el gobernador dieron en Nueva York, más que alentar a los inversores, alimenta la incertidumbre.El Gobierno pasó de aprobar la reforma laboral, a que la agenda legislativa la manejen los gobernadores.