La tecnología del siglo XXI ha potenciado su capacidad de distorsionar el ecosistema informativo, generando dudas, confusión, desconfianza y manipulando la voluntad de los electores.
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La tecnología del siglo XXI ha potenciado su capacidad de distorsionar el ecosistema informativo, generando dudas, confusión, desconfianza y manipulando la voluntad de los electores.