La hostilidad del presidente hacia aliados como Omán, Canadá y Corea del Sur, y su simpatía por adversarios como Corea del Norte, quizá sigan sorprendiendo a algunos. Pero no es de extrañar tras una década de agitación.
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La hostilidad del presidente hacia aliados como Omán, Canadá y Corea del Sur, y su simpatía por adversarios como Corea del Norte, quizá sigan sorprendiendo a algunos. Pero no es de extrañar tras una década de agitación.