Más allá de las convicciones íntimas del Presidente, la pelea con Brasil es una apuesta en pos de asegurar el beneplácito de Trump, a quien podría necesitar si la confianza sigue en baja. Una jugada arriesgada, que podría salirle cara.
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Más allá de las convicciones íntimas del Presidente, la pelea con Brasil es una apuesta en pos de asegurar el beneplácito de Trump, a quien podría necesitar si la confianza sigue en baja. Una jugada arriesgada, que podría salirle cara.