La TV atrasada convirtió cada partido en una batalla contra vecinos, celulares y gritos ajenos. Pero entre la furia y la espera también aparece una forma inesperada de vivir el fútbol.
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La TV atrasada convirtió cada partido en una batalla contra vecinos, celulares y gritos ajenos. Pero entre la furia y la espera también aparece una forma inesperada de vivir el fútbol.