Se impulsa una ley que pone al Estado a controlar quién habla con un funcionario, bajo amenaza de cárcel. Y se suprime el espacio en que la ciudadanía podía ser escuchada antes de decidir quiénes integran el Poder Judicial.
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Se impulsa una ley que pone al Estado a controlar quién habla con un funcionario, bajo amenaza de cárcel. Y se suprime el espacio en que la ciudadanía podía ser escuchada antes de decidir quiénes integran el Poder Judicial.