Cuenta la leyenda -y algunos sitios de internet- que fue el médico y anticuario (y luego propagandista druida) William Stukeley quien afirmó, hacia 1754, que la Gran Muralla china se puede ver desde la Luna. El inglés lanzó su afirmación más de 200 años antes de que la Apolo 11 llegara a nuestro satélite natural. Y, por cierto, en eso se equivocó: no se puede ver desde el espacio. Sin embargo, sirve como modesta metáfora para describir la cultura milenaria china: se pueden apreciar algunos detalles desde el cielo (no desde el espacio), y a veces un manojo de frases o ideas permite sospechar que se trata de un mundo fascinante. En «Miradas sobre la cultura china», de Ye Lang y Zhu Liangzhi, recientemente publicado por Eudeba y del cual compartimos aquí algunos capítulos, estos académicos logran justamente eso, que podamos entrever, a través del té o el arte de la guerra, una pizca de la cosmovisión y el espíritu de un pueblo y una cultura con más de cuarenta siglos de historia.
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