El miércoles pasado, luego de permanecer encerrada todo el mes de febrero, la escritora belga Saskia De Coster quedó en libertad. No purgaba pena alguna ni sufrió secuestro: por su propia voluntad permaneció “aislada” del mundo (sin acceso a teléfono, radio ni televisión), en una habitación construida con vidrios transparentes, de 12 metros cuadrados, instalada en el hall del Museo Real de Bellas Artes de Amberes, Bélgica. Naturalmente, su experiencia no fue la primera (nadie, a esta altura, hace nada por primera vez). Los antecedentes no escamotean la reflexión que inspiró De Coster. Leer más

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